Desempolvar

Lisandra Fariñas Acosta

¿Es usted un amargado? Sí, una de esas personas para las cuáles cada día es peor que el anterior. Anote entonces algunos consejos que le ayudarán a convertir su tiempo en lo único importante y le garantizarán que nada pueda echar a perder—rectifico—arreglar su día.

¡Claro! Porque lo imprescindible para los amargados son los días grises, caóticos, que apesten a “todo está mal”. Y lo más interesante es que nadie como ellos mismos contribuyen a que sean así. En amargar sus días y el de los demás se les va la vida.

Un amargado sale de su casa en la mañana a botar la basura acumulada; y cuando llega a la esquina encuentra que el contenedor está repleto. Apenas a una cuadra hay otro con capacidad para su jaba pero no, en una actitud de amargura antisocial suelta la jaba al suelo sin pensar.

Apunte. Eso hace un amargado en venganza porque otro con igual nivel de amargura en su vida, no se ocupó de su trabajo y en consecuencia la basura se pasa más tiempo del reglamentado en los contenedores.

La ciudad se llena de basura entonces, amarga imagen con la que hay que convivir a causa de irresponsables, a quienes lo único que les interesa es su amargura. Nada de hacer el bien sin mirar a quien. No va con ellos, no es su estilo.

Porque a un amargado por ejemplo, eso de revisar hasta el último rincón de la casa para destruir todo aquello que sirva de criadero a esos molestos mosquitos— que además de zumbar, picar y no dejarte ver la pelota, se apellidan aegypti y son los culpables de transmitir el dengue y otro montón de enfermedades— es pura pérdida de tiempo. El razonamiento que vuelve su día inexpugnable, anote, es el siguiente:

“Para que limpiar mi casa, si en los huecos de las calles donde el agua se acumula también pueden poner huevos. ¿Para qué tanto antifocal? Qué limpien primero la calle, la fábrica, la escuela, el mundo…

Porque un amargado no ve más allá de su nariz. No aprendió nunca la importancia de su granito de arena. Nada de esforzarse antes, ni después. El bien común no existe en su filosofía.

Un amargado vive en su amargura. Engañan. Si usted los ve los reconocerá, y notará de inmediato cómo su razón de ser es repartir problemas, y por supuesto, amargura; en una constante negativa a desempolvarse el alma y la conciencia.

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2 comments

  1. Quiero ser la primera en comentar en este iglú tropical que has creado, pero al mismo tiempo no quiero “amargarte” el escrito con líneas de poca trascendencia. Solo espero que el fruto de este nuevo parto que has tenido, esta vez creativo, se mantenga en el tiempo, y no sucumba ante las tempestades tropicales o las gélidas neuronas que pueblan nuestros días en esta Isla. Enhorabuena!

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