El cartel cubano hoy, ¿fin de una época dorada?

Entrevista a Pedro Contreras, especialista del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, ya desaparecido físicamente

Lisandra Fariñas Acosta

Hay épocas que por sus características, se nombran irrepetibles. Queremos estudiarlas, revivirlas, entenderlas. Desandamos la biblioteca tras la historia, desempolvando los años, para descubrir que algo falta.
Nada más reconfortante que escuchar las palabras vívidas de quien fue testigo, actor, parte…

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¿Cómo surge la gráfica de la Revolución?

Cuando se va a hablar de la gráfica de la Revolución, no solo del
cartel, hay que conocer y tener en cuenta que antes del triunfo de la Revolución, había un desarrollo gráfico en Cuba, pues la gráfica era uno de los medios con los cuales se transmitían los mensajes publicitarios. Existían muchas agencias de publicidad, de reconocido prestigio, con un trabajo muy organizado, donde se hacían campañas a productos por profesionales de la publicidad, y por supuesto de la gráfica.
En cada una de estas agencias existía un director artístico, un especialista responsable de trazar la idea, un dibujante, un encargado de la tipografía. Además, los textos de los carteles correspondían a una especialidad. Existía un redactor de textos, el diseñador no era no una persona aislada, era un trabajo de equipo
Cuando triunfa la Revolución, hubo un cambio radical en el país desde todos los órdenes: Político, social, económico.
Por ejemplo, en el plano económico: al ser nacionalizadas las industrias, los productos ya no necesitan ser publicitados, además de que se eliminan esas agencias de publicidad y se crean otros departamentos de diseño. Pero hay que pensar que las personas que trabajaron ahí ya tenían una formación de nivel y calidad. O sea, que la gráfica de la Revolución no surge de la nada. La gráfica anterior no es que fuera mala como se le juzga, simplemente tenía otros signos.
Cuba era como especie de un laboratorio experimental de Estados Unidos, donde cada empresa traía su producto, e incluso su gráfica elaborada y aquí se completaba o modificaba de acuerdo con la psicología o necesidades del país. Se hacía una gráfica de productos norteamericanos tan importantes como Coca Cola, además de que se mandaban desde Cuba para Latinoamérica.
Hay quién dice que no había diseño de libro. Sí existía, claro que eran sobre todo libros de texto. Había una editorial que se llamaba “Cultural Sociedad Anónima”. Esta editorial radicaba en lo que es actualmente la Moderna Poesía, que siempre fue una gran librería y también una gran imprenta. Muchos ilustradores, diseñadores, trabajaban para esta imprenta y estos libros se usaban en América Latina como libros de textos. Es este el sustrato desde el cual la Revolución pudo desarrollar un buen diseño.
Hay que decir que la Revolución comprende el valor que puede tener la gráfica para promover las nuevas ideas, ya sea las políticas, mediante el llamado a las concentraciones, a contribuir a los cambios necesarios que se estaban gestando, a superarse educacionalmente, a campañas de todo tipo, movilizaciones a la agricultura etc.
Todas estas acciones formaban parte de un sistema. Los diferentes llamados de la dirección revolucionaria salían por televisión en una promoción, se hablaba en un discurso, pero al mismo tiempo salía una gráfica que acuñaba esos nuevos mensajes.
Es muy curioso que el cartel político, de gran importancia, asumiera frases que salían de las masas, no ya de un grupo específico de personas. Recuerdo Con Fidel a la plaza en 26. Esas cosas que la gente decía en la calle, los publicitarios y diseñadores – convertidos en divulgadores de la Revolución- las tomaban y a las frases, como conocían su impacto, le hacían una imagen. A veces era la frase simplemente, porque había carteles eminentemente tipográficos.
Otro aspecto importante es que la Revolución considera por primera vez al cartel como un hecho cultural y aquí es donde entra a jugar su papel el elemento estético. El nivel estético de estos carteles ya era más importante que el nivel estético de los carteles anteriores a la Revolución.
Antes lo que se quería era conocer sobre todo un producto, pero la Revolución desde el principio tiene muy presente que hay que educar y sensibilizar al pueblo y entonces cuida la calidad estética de este mensaje.

¿Existió la tendencia de artistas plásticos a inclinarse por la gráfica?

Son casos muy específicos, particulares. Raúl Martínez, antes del triunfo de la Revolución trabajaba como gráfico porque era muy difícil vivir solo de la pintura. Martínez Pedro que era un pintor ya conocido y reconocido era jefe de Raúl Martínez en una agencia de publicidad. Había que buscar un medio con el cual ganarse la vida, porque la pintura no era suficiente. Raúl Martínez fue incluso a Estados Unidos donde aprendió muchas cosas del diseño, y al triunfar la Revolución siguió pintando y continuó también haciendo trabajos gráficos.
La gráfica que surge es un medio de vida, no es que los pintores se volcaran a la gráfica, es que muchos de los que estudiamos artes plásticas cuando teníamos que trabajar encontrábamos trabajo en esta rama y sentíamos que era algo interesante.
Yo me gradué de San Alejandro en el año 1964, poco después comencé a trabajar aunque estudiaba en la Universidad. Yo pintaba pero sabía que no iba a poder vivir de la pintura, así que me incliné a la gráfica, además cercana a mi formación.
Todavía no había escuela de diseño. Yo había estudiado pintura, pero mi primer trabajo fue como ilustrador en el departamento artístico de Juventud Rebelde. Allí se hacían las ilustraciones que iban en el periódico, tantas y tan importantes para el medio, que en reiteradas ocasiones ocupaban la primera plana completa, muchas veces con carácter de cartel.

¿Cómo asume la generación de diseñadores existentes en el país el proceso revolucionario?

De la gente que hacía gráfica, muchos emigraron -también algunos diseñadores-, sobre todo los que dirigían las agencias publicitarias.
Pero los diseñadores no eran por lo general gente rica, que perdieran mucho con la Revolución. Cambiaban constantemente de una oficina para otra, así como de contenido de trabajo. Eran solidarios con la Revolución, además de que surgen nuevas generaciones. Algunos ya se habían formado en escuelas de arte, como la que se llamó Dibujo Comercial, o en alguna escuela o tecnológico que daba elementos de diseño. No existía la carrera de diseñador tal como la conocemos hoy. Existían los dibujantes y esos fueron los primeros en sumarse al proceso revolucionario.
Había gente joven como Rostgaard que hacía gráfica de todo tipo. Trabajaba en el periódico Mella en aquel momento, que era un semanario dedicado a la juventud, con temas variados, historietas y otros. Allí hacía diseño gráfico y carteles.
Raúl Martínez hizo algunos carteles pero no trabajó tanto en este género. Se encaminó hacia la gráfica del Instituto del Libro e hizo carátulas, cubiertas de libros con un nuevo carácter. Antes el libro cubano era menos original, con una imagen realista que reflejaba en la mayor medida posible el contenido. Con Raúl ya es otra cosa, ya hay juego con la tipografía, planos, texturas y no hay tanta figuración.
Uno de los diseñadores que hacía libros y se ha olvidado bastante, pues se fue de Cuba hace algunos años es Tony Évora. Él trabajaba desde antes de la Revolución en publicidad y era de los diseñadores más audaces. Estudió en un colegio llamado Instituto de Diseño y era quién hacía las memorias de este Instituto. Recuerdo que al principio de la Revolución, cuando yo estudié allí, pude ver estas memorias. Tenían un diseño muy bueno, sobre todo por el uso de capitulares y la tipografía, estilo que después apareció en Lunes de Revolución, uno de los semanarios de mayor calidad gráfica que se ha hecho en Cuba. A Raúl Martínez se le adjudicaba mucho de lo que se hacía allí en el semanario, porque fue el que permaneció por más tiempo y desarrolló un estilo. Pero Raúl Martínez dijo: No, eso lo crea Tony Évora, él fue quien le transmitió ese espíritu a Lunes de Revolución.
Otras publicaciones importantes fueron la Gaceta de Cuba (publicación cultural) y la Revista INRA, (Instituto Nacional de Reforma Agraria), esta última expresaba muy bien el momento que se vivía. Después apareció la Revista Cuba Internacional.
El formato de estas revistas no era lo común en Cuba antes de la Revolución. Lo adoptaron de algunas revistas norteamericanas que entraban a la isla como Look y Life de gran impacto visual, no tendían a darle a una foto una página completa, y hacían un uso excepcional de la tipografía. Las revistas cubanas cambian completamente sus contenidos, aquellas que eran más noticiosas o de temas variados ahora reflejarán la Revolución: movilizaciones, reformas en la salud pública, alfabetización. Se desarrollan campañas, por ejemplo con la de alfabetización, surge desde la gente el lema de esta campaña, los uniformes que van a tener quienes la hacen.
Yo recuerdo que cuando termina la alfabetización, vienen hacia la Habana todos los que alfabetizaban, se hace una gran reunión en la Plaza de la Revolución. Todos venían con banderolas y eso son soportes de la grafica también.
Existieron organizaciones como el COR Y el DOR, donde se agrupaban publicistas y dibujantes para hacer gráfica revolucionaria.
Hubo otro lugar que se llamó Intercomunicaciones, donde se hizo otro tipo de gráfica, también de contenido político pero más variado y la Imprenta Nacional donde aparecen los primeros libros hechos por la revolución.
Hay que señalar también al Instituto de Arte e Industria Cinematográficos, donde surge un cartel que por tener más contenido artístico tiene más libertades estéticas. Algunos piensan que era mejor que el cartel político o que fue por ahí donde se le dio el tono o el nivel al cartel de la Revolución. Yo no creo que sea así exactamente, todos los contenidos tuvieron calidad gráfica, lo que pasa es que el cartel del cine, por ser de contenido cultural es más grato para el diseñador.
Existe una tradición de cartel en el ICAIC, pero también había una tradición de cartel político que se acabó. Aún se hacen carteles políticos, pero es que el momento que se vivía era tan bello, había tanta energía y entusiasmo que el cartel político también gozó del favor de los diseñadores y tuvo una alta calidad. Por otra parte, se hacían tantos que el diseñador tenía la posibilidad de ejercitarse. Había una competencia, una competencia sana.
Diez o cinco diseñadores trabajando juntos en un departamento de diseño, donde cada semana se hacían nuevos carteles. No te podías quedar atrás, te estimulaba. Había que ser tan bueno como el otro o quizás aventajarlo
Hubo un gran apoyo social y cultural a la nueva gráfica. Existen comentarios en la prensa de la época de los críticos -tanto de los viejos como de los nuevos-que se dan cuenta que el cartel tiene un alto nivel estético y atienden esta manifestación, la critican, la analizan. También se hacen concursos de carteles. El primero lo organiza el Museo Nacional y hay que tener en cuenta que aunque se le acoge como una forma de arte, no es que el cartel tenga que ser arte en el sentido de artes plásticas. El cartel tiene que comunicar sobre todo, se analiza su poder de comunicación a la hora de premiarlo, calidad comunicativa y estética van aparejadas.
El diseñador se siente apoyado, reconocido, estimulado y el pintor, no es que no estuviese estimulado, pero seguía sin poder vivir de su obra, porque en Cuba no existía el hábito de coleccionar. No existía un mercado del arte desarrollado.
Aunque se crean algunas galerías donde compran varios intelectuales, algunos profesionales como los médicos, abogados, hay un coleccionismo muy pequeño.
Había diferentes núcleos de diseñadores como la Revista Cuba, la UNEAC -porque se editaba la Gaceta, la revista Unión y se invitaba a artistas y gráficos de otros lugares a colaborar con esas publicaciones.-
Así por ejemplo, en la Revista Cuba puedes encontrar que colabora alguna vez Antonia Eiriz, Raúl Martínez y otros.
La Casa de las Américas es un lugar importante en la generación de grafica. Recuerdo “Canción protesta” de Rostgaard, cartel que hizo cuando tenía 24 años, cosa en la que no se reparaba porque antes ser diseñador era ser diseñador. No había distinción entre joven diseñador y diseñador. Me he tratado de explicar eso y creo que son cambios políticos y sociales. Hay mucha diferencia de generación. En esta época la dirección de la Revolución tenía 33, 34, 35 años.
Estos diseñadores contaban entre sus estímulos, con la posibilidad de ser premiados y estos premios significaban metálico y becas. Se becaban tanto o más diseñadores como artistas plásticos y se mandaban a exposiciones al extranjero.

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué podemos decir que hay cierto declive en la gráfica cubana actual, con respecto a esta que analizamos?

Ha cambiado la valoración de las cosas, el arte empezó a producir dinero a los artistas y al estado, y el cartel no. Algunos dicen:
El cartel disminuyó su calidad porque se fueron los diseñadores, porque emigraron. Eso fue en parte. Muchos de los diseñadores que se fueron, entre ellos Félix Beltrán, se quejaban porque no podía obtener lo que deseaba con los medios que manejaban, ya que resultaban obsoletos. Ya no se podía hacer en fotografía lo que la fotografía estaba haciendo en el extranjero. En cuanto al cartel político, los mensajes comenzaron a reiterarse y los temas se agotaron. Luego vino la crisis económica en los años 90 que afectó el cartel y otros sectores de la gráfica.

Su opinión sobre la gráfica de los 60 en comparación con los 70

Algunos críticos afirman que hubo un periodo de realismo socialista. Si buscas el cartel de antes de la Revolución te darás cuenta que eran realistas. Lógicamente en el socialismo, para hablar del obrero, se recurre al machete, pero no es que tuviera la influencia de la grafica rusa.
El cartel de la Revolución surge con influencias muy variadas. Lo que recibe del socialismo es lo mejor de Checoslovaquia y de Polonia y a la vez recibe la influencia del pop art norteamericano. Se recibían publicaciones de diversas partes del mundo y del mejor nivel y su influencia se reflejaba en el trabajo que realizábamos.
Existió un Consejo Nacional de Cultura que lo dirigía Vicentina Antuña, persona de vanguardia y donde había gente muy adelante como Retamar, Graziella Pogolotti y esa gente apoyaban el arte que era de vanguardia: Antonia Eiriz, Umberto Peña, Raúl Martínez . Formaban un jurado a favor de la calidad. La gente se guiaba por los premios y trabajaban para ganarse esos premios. Nadie les pedía que fuera realismo socialista. El cartel para las luchas guerrilleras internacionales, el cartel de la OSPAAAL -el objetivo de ese cartel era alentar a la Revolución,-era idóneo para el lenguaje del realismo socialista, sin embargo poseía una calidad estética y gran sofisticación.
Actualmente afecta mucho la situación económica. Toda manifestación necesita siempre un apoyo material. En el momento del boom cartelístico cubano, el cartel era una manifestación muy valorada. En la actualidad, el cartel no le interesa a casi nadie. Siguen algunas bienales, concursos, pero no hay un cartel de calidad.

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