EL PUEBLO DEL FUE

De pinareña pasé a artemiseña. Así, casi sin previo aviso. Hace años vivo en La Habana, lo que ha acentuado mi conflicto de “identidad”.
Pero me sigo sintiendo pinareña. Y sobre todo sancristobalense.
Hoy espero a que el experimento de las nuevas provincias funcione, para que así, mi pueblo SEA nuevamente

Lisandra Fariñas Acosta

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Buscando el occidente, encontrarás un pueblo que huele, a veces, a tierra seca, a humedad, a campo en la mañana, a noche, a río. Podría llegar a cautivarte si lo conoces bien, si lo vives, si te lo cuenta alguien una vez.
Me entristece que, en cada ocasión que oigo mencionar el nombre San Cristóbal, todos piensen inmediatamente en la antigua villa habanera. Sin embargo, más allá, a setenta y dos kilómetros existe otro lugar con igual nombre; existe y casi está olvidado.
Nací allí, en “el pueblo del fue”, como le llama mi papá. “San Cristóbal no es lo que era antes”, dice mientras ahoga con una copa la nostalgia del pasado, y cuenta entonces.
Mi pueblo tiene un parque y una iglesia y muchas casas alrededor. ¡Claro, como todos los pueblos de campo! Pero este era un gran parque lleno de algarrobos, con bancos de mármol y una original glorieta, y en el centro una palma. Esta era una iglesia fuerte, estas casas alegres, nuevas, vivas. Esta gente era emprendedora, atinada, feliz.
Este pueblo era, este pueblo tenía…tenía la mejor pizzería en todo Pinar del Río, tenía un cine, un teatro, una plaza bailable, un centro comercial, una piscina, un estadio, una vida…
El viejo está triste, dice que por mí. Le molesta, le indigna la decadencia consciente, el abandono…Sus hijos solo han conocido el deterioro de lo que un día brilló con luz propia. El viejo piensa y espera.
Yo también aguardo. El parque no es el de antes. Están los algarrobos, pero los bancos no son los mismos; la nueva glorieta, un monumento al mal gusto; la palma se vino abajo con el último ciclón.
La iglesia ha cambiado, es difícil asociar descripciones, falta una campana y sobran rejas en los muros.
Papá hablaba de casas con espíritu, apenas puedo ver un montón de cuarterías cubiertas de telarañas, con las tejas a medio camino del suelo. El resto del pueblo es callado, aburrido, deja de hablar antes que caiga el sol. Al mismo tiempo ensordece el cacareo sentencioso, la comidilla de viejas beatas, el rumor de pueblo pequeño donde nada se esconde…
La pizzería apenas sostiene una clientela. A través de los cristales puedo ver el viejo proyector del cine; ¡No sentarse, peligro de derrumbe! Juro que no es el nombre de la próxima obra a estrenar. En la plaza los vendedores luchan por mantener su agro. ¿Y el baile, y la música?…
Siento que el pueblo extraña, se busca a sí mismo. Sólo la gente no ha cambiado. La emigración se ha llevado lejos a unos cuantos, otros han muerto, pero quedan aún emprendedores, felices de estar. Ellos también escudriñan los días, tratan de socorrer el espíritu de ayer.
Yo también busco, hurgo. No es mito. Cómo diría el gitano Melquíades, aún después de vivir cien años de soledad: “Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima”.
El orgullo de haber nacido aquí, el olor a hierba y tierra seca, reviven la esperanza de encontrar el alma de ayer y colocarla en hoy. Quizás el viejo pueda volver a decir entonces que San Cristóbal es…y alguien por ahí nos recuerde.

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6 comments

  1. Contra Lisi que he leído esto y me da la impresión que SC es una mierda, no es La Habana pero hay sitios peores, y mas cercanos que 72km, pero bueno que carajo, esto se aplica a casi todas las ciudades del país, esperemos que esta triste realidad cambien con el tiempo.

  2. Lisandra, su papá estará orgulloso de este trabajo suyo, ya, con él, ese pueblo comienza a SER de nuevo, solo decir que no es allí donde palmas han desaparecido, por diversos motivos y no solo de ciclones, pero lo peor es que no se han vuelto a colocar, rejas, donde no habían han comenzado a aparecer en parques y fuentes, como si su función en la vida, lejos de darle a la gente la oportunidad de disfrutarlos, solo fueran ahora museos intocables. Coincido con Frank, no hay que ir muy lejos de La Habana, para ver situaciones muy similares y peores que SC, por cierto de allí tengo muy buenos amigos, magníficas personas, talentosas, emprendedores, luchadores, algunos viven aún allí y otros ya no, pero como tú, se sienten, con razón, orgullosos de ser de esa hermosa localidad, que lo que si no ha dejado ser es, cubana.

  3. Eso casi siempre sucede cuando se trata de arreglar lo que no está roto y lo que lo está no lo arreglan. A San Cristobal lo visité en dos o tres oportunidades, hace ya bastantes años y daban ganas de quedarse por allá un rato más de por el que uno había uno. Ahora. por lo que dolidamente con razón tú cuentas, estimada Lisandra, no creo que a muchos les apetesca hacer una parada por allá, más tiempo que la necesaria, si tuviera que hacerla. No se como se podrá hacer para volverlo a poner a vivir, pero algo hay que hacer, para que no termine siendo solamente una referencia en un mapa. Suerte. Modesto Reyes Canto.

  4. Puedo entender perfectamente. Soy de Las Cañas, Artemisa. Experimento lo que en lengua bibliográfica sería IBIDEM: Nací en Las Cañas cuando ya Artemisa era Provincia Habana y no Pinar, sin embargo el puerquito se fin de año se compraba ritualmente en Candelaria o San Cristobal, porque los de allá sabían mejor. Mis tios presumidos no iban a comprar zapatos o ropas a La habana, sino a ¨Vuelta abajo¨, los mejores carnabales eran los de San cristobal y la terminal de Artemisa para las guaguas de Pinar era más grande que la de La habana…y todo ese sentimiento de sentirse pinareño aun hoy perdura en muchas generaciones. Quizá por ello digo tanto ¨Alabaoooo¨ jajajaja. Mi equipo de peloto es Pinar, es el demi papa, el de mi abuelo…Soy un pinareño, que nació en las Cañas, donde tuvo la mejor de las infancias posibles. Un lugar al que amo pero que solo aproveche hasta los 13 años. A los 14 años me mudé a Guira de Melena, a los 16 me fui a Cabañas (Servicio militar), a los 17 comencé a estudiar en la habana, a los 23 me fui a estudiar al exterior, a los 29 comencé a trabajar en La Habana…. o sea que el tema de mi identidad es muy complejo pero sangro por la herida de cada calle y cada cada pueblecito en el que he estado. cada uno de ellos es parte de mi. El solo escuchar el nombre San cristobal me agolpa un sin número de recuerdos que mucgho tiene que ver con quien soy hoy, aun sin haber vivido allá. Que bueno que persona como tú sepan lo importante de rescatar el espíritu de esos pueblos. No se trata de vivir en el pasado, sino de retornar la alegria al presente.

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