Comprar verde por maduro

Publicado en Granma

LISANDRA FARIÑAS ACOSTA y SHEYLA DELGADO GUERRA

La maduración inducida de frutas y vegetales con químicos y sus consecuencias ha sido en los últimos tiempos una inquietud cotidiana de la población, al adquirir en el mercado muchas veces productos adulterados y sin calidad, y haber gastado en vano su dinero.

No son pocos los ciudadanos que se cuestionan los mecanismos de protección al consumidor y los riesgos que puede desencadenar para la salud el consumo de frutos “aparentemente maduros”.

Es sabida la importancia que tienen las frutas y vegetales por su alto contenido de vitaminas y minerales, y por aportar al organismo la mayor parte del agua que este requiere. Pero el éxito de su incorporación a nuestra dieta depende de múltiples factores: adecuada atención cultural al cultivo durante su desarrollo, utilización de productos inocuos (preferentemente de origen orgánico), manejo poscosecha evitando la mala manipulación y daños durante el transporte, entre otros aspectos.

Ante la elevada demanda que poseen en el mercado nacional, hay quienes aceleran su “maduración” para comercializarlos, acudiendo a disímiles técnicas, desde las tradicionales “guacas” —aplicadas fundamentalmente al plátano—; la colocación dentro de bolsas de plástico (nailon) y posteriormente en zonas donde penetre poca luz… hasta el uso indistinto de sustancias de origen químico.

No se debe confundir la madurez comercial con la fisiológica. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la madurez comercial es aquella que se logra cuando el cultivo cumple con los indicadores exigidos por el mercado. En tanto, la fisiológica está asociada a la composición nutricional, sabor característico, consistencia, color…

Lamentablemente algunos olvidan estos conceptos básicos, movidos por intereses “de bolsillo”, y “contribuyen” a acelerar la despigmentación de varios vegetales y frutas con el fin de expenderlos en un espacio de tiempo inferior a su ciclo habitual de cosecha.

MADURAR… PERO CON QUÉ

Varios especialistas coinciden en que los productos químicos más usados en este sentido en Cuba son el carburo —cuyo empleo está prohibido para estos fines— y en mayor medida el etefón o flordimex, este último su nombre comercial.

En la agricultura cubana la utilización del etefón está autorizada —de acuerdo con el doctor Gonzalo Dierksmeier, director de la Unidad Científico Técnica de Base (UCTB) Química, del Instituto de Sanidad Vegetal (INISAV)— como regulador del crecimiento en el arroz, y como fitorregulador en aplicaciones foliares para inducir la maduración en la etapa precosecha, en cultivos como piña, café, cítricos, plátano, caña y tomate, al ser esta una condición necesaria para su correcta recolección. También como madurador en aplicaciones foliares de la caña de azúcar, entre 6 y 12 semanas previo a la cosecha; y en el tabaco, para el control de la Orobanche ramosa.

“Dicho compuesto forma parte de la lista oficial de plaguicidas autorizados, recogida en el Registro Central de Plaguicidas de la República de Cuba”, apuntó.

Al respecto el doctor José Carrera, vicedirector del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, especificó a Granma que es un plaguicida órgano fosforado que se aplica quince días antes de la recolección de los frutos mediante varios métodos: aspersión, inmersión o inyección (pincelado del pedúnculo o tallo).

José Antonio Maura Romero —jefe del Departamento de Plaguicidas, del Centro Nacional de Sanidad Vegetal (CNSV)— afirmó que hoy se importa el etefón para emplearlo mayormente en plantaciones de caña y, en el caso específico de las formas productivas del Ministerio de la Agricultura (MINAG), para los cultivos de piña y tabaco.

Si bien en nuestro país existen varias cámaras en las que se emplean técnicas de maduración mediante aplicaciones gaseosas de químicos, los niveles de residualidad en las frutas son ínfimos respecto a lo regulado internacionalmente, agregó Maura Romero.

“Pero la inducción de la madurez comercial por el cambio de coloración de forma no especializada, a productos que han sido recolectados sin tener la madurez fisiológica necesaria —explicó—, lejos de constituir un proceso de maduración deviene mecanismo de despigmentación de la clorofila. Es más bien una ‘desverdización’ y, además, una verdadera estafa a los consumidores.”

En cuanto a la composición nutricional de los frutos una vez sometidos a este proceso, señaló el doctor José Carrera que “el uso en dosis elevadas del etefón provoca la fototoxicidad del fruto (cambios de coloración) o deshidratación por excesiva maduración, lo que conlleva a la pérdida de sus propiedades. Los niveles de sólidos solubles y azúcares totales disminuyen, así como los de vitamina C y carotenoides”.

Aunque internacionalmente sí está regulado su uso como madurador en la etapa poscosecha; en Cuba no. De ahí lo preocupante de esta práctica ya generalizada entre los vendedores en ciertos establecimientos y carretilleros.

Según establece la Resolución 23 del 2000, del MINAG, en su artículo primero: los plaguicidas son planificados, balanceados y controlados centralmente por el Departamento de Plaguicidas del CNSV.

Sin embargo, tal disposición se ve limitada en la comercialización, pues los inspectores agropecuarios del sistema empresarial de la Agricultura (incluyendo a los de Sanidad Vegetal) están volcados principalmente a evitar las violaciones en el campo y no así en los mercados, explicaron funcionarios del MINAG.

Salta a la vista una preocupación: si el suministro de etefón —el cual se incluye en el paquete tecnológico que se entrega a los agricultores especializados en los rubros referidos— es controlado, ¿cómo es posible entonces que se desvíe para fines no autorizados y no se apliquen sanciones a los responsables?, ¿quién responde por los recursos que el Estado invierte en paquetes tecnológicos?

¿INOCUOS?

La pregunta que cada ciudadano se hace tras la compra fracasada, es si, además de sentirse timado, no estará arriesgando su salud al consumir estos productos. Mucho se ha especulado sobre las consecuencias nocivas de los frutos madurados con químicos, como por ejemplo si pueden activar células cancerígenas.

Asegura el doctor José Carrera que hasta el momento no hay registrado en la literatura disponible que los residuos presentes luego de la aplicación del etefón provoquen intoxicaciones agudas, “ya que se requiere de niveles elevados y consumos altos diariamente”.

Especifica Gonzalo Dierksmeier, de Sanidad Vegetal, que se trata de una sustancia que tiene toxicidad de un 3 % en la escala de la Organización Mundial de la Salud, lo cual no es significativo.

“El etefón tiene la propiedad de penetrar en los cultivos y liberar etileno; gas que produce el efecto madurador. ¿Qué queda como residuo de la molécula? Ácidos clorhídrico y fosforoso, ninguno de los cuales tiene efectos nocivos.”

En dosificaciones adecuadas, el producto es inocuo para la salud humana. Pero, ¿es así como se está empleando? ¿Tendrá el mismo impacto en personas sanas que en aquellas con algún padecimiento? ¿Su uso indiscriminado no representa un riesgo para la salud de aquellos que manipulan esta sustancia a “ojo de buen cubero”?

No puede obviarse que estamos hablando de un plaguicida, y como tal existen normas de protección a respetar por técnicos y productores para su aplicación y manipulación. De ahí que el cumplimiento de las buenas prácticas de cultivo sea esencial.

Los químicos que se usan como “maduradores” —o mejor, desverdizadores— son una de las tantas aristas de la ilegalidad y contemplar su empleo es otra expresión de la impunidad, con la cual actuan los viloladores. Ante la pasadera de responsabilidades de un organismo a otro, el problema sigue ahí… creciendo. Al final la mayor perjudicada es la población, que paga precios nada desestimables por productos con una supuesta calidad que no tienen.

Les compete entonces a las autoridades y organismos pertinentes como el MINAG, el Grupo Azucarero, el MINCIN y el MINSAP revertir esta situación; establecer las normas que resulten eficaces para el control y vigilancia en su forma de empleo, y así velar por algo tan imprescindible como la protección al consumidor.

Es un delito

La Fiscalía General de la República informó que aquellos involucrados en el desvío y utilización ilícita de este tipo de productos pueden incurrir en delitos de hurto, apropiación indebida y hasta malversación; por lo que las medidas aplicadas a los infractores deben ser severas.

El artículo 198, del Código Penal, referido a los delitos contra la salud pública, establece que “todo el que se apodere, trafique, almacene, facilite, procese, reciba, emplee, transporte o exporte sustancias u objetos contaminados o contaminadores, o destinados a ser inutilizados o desinfectados, o los retenga indebidamente en su poder, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años, o multa de 200 a 500 cuotas, o ambas”.

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4 comments

  1. es evidente que el control interno en estos lugares de donde se sustrae estos productos está mal, hay que ver los resultados de las auditorias, en estos momentos el pais se encuentra enfrascado en la lucha contra la corrupción, estamos en presencia de posibles hechos delictivos

  2. Mientras leía el artículo pensé en dos cosas: Primero en las tamtas veces que me he sentido estafada e impotente al comprar frutas que resultan incomibles, pero caras y segunda, en lo mucho que todos hemos criticado a nuestros periodistas y a nuestra prensa por no hacer su parte. Ya comenzaron a hacerlo, este artículo es un ejemplo); ahora falta que los otros: “las autoridades y organismos pertinentes como el MINAG, el Grupo Azucarero, el MINCIN y el MINSAP “, comiencen a hacer la suya. Todos saben que esto está ocurriendo hace años, saben que la población ha estado reclamando constantemente, pero han hecho oído sordos. Las respuestas y explicaciones dadas a la periodistas pueden ser muy técnicas y científicamente correctas, pero en el fondo son más de lo mismo: justificaciones.
    Claro que la otra parte compete a las autoridades: hacer cumplir la ley con todo rigor.

  3. Alfonso Nacianceno
    Es verdad que resulta del diablo comprar cualquier producto en la calle, porque resumiendo, como dicen ustedes en la última línea del trabajo “la otra parte compete a las autoridades” y en definitiva estamos desprotegidos, a expensas de quienes venden cada día más caro sin importarles el poder adquisitivo de la población

  4. Y después de este artículo tan explicativo y esclarecedor, ¿Qué esperan nuestras autoridades- Policía, MINSAP, MINCIN,MINAGRI y CITMA- para ponerle fin a esas prácticas nocivas y enemigas de la vida, el principal derecho humano?

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