Mes: abril 2014

Niño… deja ya de jugar con la compota

Mi Iglú Tropical

¿Cómo entretener a un niño? Una vez que te conviertes en madre es esta una de las asignaturas que apruebas o enloqueces. Porque los niños de bobos no tienen nada. Que sean seres humanos en estado puro no los convierte en idiotas. Más bien los tontos somos nosotros que no entendemos muchas veces lo simple: una cosa es la imaginación y otra cosa es que se traguen cualquiera de nuestras artimañas encaminadas a hacerles creer que cultivamos el arte del entretenimiento para ellos.

Ver la entrada original 412 palabras más

Anuncios

Niño… deja ya de jugar con la compota

¿Cómo entretener a un niño? Una vez que te conviertes en madre es esta una de las asignaturas que apruebas o enloqueces. Porque los niños de bobos no tienen nada. Que sean seres humanos en estado puro no los convierte en idiotas. Más bien los tontos somos nosotros que no entendemos muchas veces lo simple: una cosa es la imaginación y otra cosa es que se traguen cualquiera de nuestras artimañas encaminadas a hacerles creer que cultivamos el arte del entretenimiento para ellos. (más…)

El cuadre

Lisandra Fariñas Acosta
El cuadre es una de esas tantas cosas que han mutado en la vida diaria del cubano. Sí caballero, porque el uso que se le da al cuadre puede ir de lo romántico hasta ser literalmente un “atravesao” miércoles en medio de tu semana.
Ya saben, lo mismo hay quien te invita a un “cuadre” de esos que por sus prometedores resultados “te cuadrará en pila”, que quien con determinación te diga: Oye no “cuadra la caja”; misma frase que en más de una ocasión te pueden soplar en tono de amenaza. (más…)

Limpio

No puedes evitar la sensación de alivio. Por eso no descansarás; insistirás una y otra vez. Hoy lleva 39 días limpio, y yo también. Limpia de tanto alivio. De saber que está a tu alcance, en este mundo. Pero la incertidumbre persiste. Un día a la vez es lo que cuenta y te lo repites insistentemente, es un día que ganas, 24 horas a favor, con el control del cuerpo y la mente.

Y sonríes, y vuelve la esperanza de recuperarlo, y recuperarte y volver a ser. Arrebatárselo al maldito alcohol para siempre.

 

“El móvil que usted llama está apagado o fuera del área de cobertura”

Tomado de Cubacontemporánea

Por Dazra Novak

Si la muerte fuera un usuario más de la telefonía móvil en Cuba, si la parca recostara su incansable guadaña a una pared desconchada de La Habana y sacara un celular para anunciarte que te ha llegado la hora: puedes dormir tranquilo. Ese mensaje puede demorar horas, días… o no te llegará. (más…)

Cien años sin soledad

 

Lisandra Fariñas Acosta y Diana Ferreiro, publicado en Granma

Cuando cumplió los quince años, Graciela Cañas Pérez-Puelles regresó a Puerto Padre, en la entonces provincia de Oriente, para comprobar que no había olvidado una sola calle de su pueblo. Eso fue, justamente, antes de convertirse en maestra y alfabetizar en el ´61. Antes de la escuela Paulita Concepción del Cerro y de hacerse doctora en Pedagogía.
Sale a recibirnos haciendo un esfuerzo para caminar porque la artrosis le impide desde hace un tiempo usar las rodillas. Huele a violetas y a creyón de labios. Parece que espera hace muchos años por nosotros, por algo, aunque asegura que no le queda nada por hacer en la vida. Y esta pequeña mujer que nos muestra su labor de tejido y posa para las fotos, digámoslo de una vez, tiene 103 años. (más…)

EL PUEBLO DEL FUE

Mi Iglú Tropical

De pinareña pasé a artemiseña. Así, casi sin previo aviso. Hace años vivo en La Habana, lo que ha acentuado mi conflicto de “identidad”.
Pero me sigo sintiendo pinareña. Y sobre todo sancristobalense.
Hoy espero a que el experimento de las nuevas provincias funcione, para que así, mi pueblo SEA nuevamente

Lisandra Fariñas Acosta

DSC09135
Buscando el occidente, encontrarás un pueblo que huele, a veces, a tierra seca, a humedad, a campo en la mañana, a noche, a río. Podría llegar a cautivarte si lo conoces bien, si lo vives, si te lo cuenta alguien una vez.

Ver la entrada original 487 palabras más

Y los otros?

No hace otra cosa que cuidar, pero a otros, siempre a otros. Tiene las manos callosas de tanto esfuerzo, y una sombra blanquecina en los cabellos. Es el signo del cansancio, la marca de tanto día regalado. Llora de impotencia. Más de una vez la he visto. Quiere hacer más, siente que se le exige más. Que la señalarán con el dedo para decirle ¿qué haces que no vas? Anda! te esperan. Debes cuidar.
Siente la carga que no ve como carga. El peso que no pesa. Porque camina, corre a cuidar a otros, siempre a otros; con amor, con deber, con ganas, con resignación.
Se olvida de sí misma. Presta a acudir, no escucha las señales. Los otros tampoco escuchan, no dan respiro. Porque va dispuesta a cuidar a todos, pero a ella ¿quién?