Niño… deja ya de jugar con la compota

¿Cómo entretener a un niño? Una vez que te conviertes en madre es esta una de las asignaturas que apruebas o enloqueces. Porque los niños de bobos no tienen nada. Que sean seres humanos en estado puro no los convierte en idiotas. Más bien los tontos somos nosotros que no entendemos muchas veces lo simple: una cosa es la imaginación y otra cosa es que se traguen cualquiera de nuestras artimañas encaminadas a hacerles creer que cultivamos el arte del entretenimiento para ellos.
La dificultad para mantenerlos ocupados (cero perretas y desarrollando el intelecto) no desaparece con el aumento de su edad. Mi pequeño me impone cada día “nuevas tareas de choque”. Porque aunque mi abuela siga repitiéndome que los muchachos se entretienen con cualquier objeto no creo que sea igual en estos tiempos.
Hoy los bebés nacen tecnológicos. Con apenas un año pueden perfectamente manejar tu celular, gastarte el poco saldo que tienes, y luego llevarse a las orejitas con expresión de oigo, cualquier cosa rectangular que se asemeje a un móvil.
Caro entretenimiento, porque ahora además de dejar a buen resguardo cuchillos y objetos peligrosos, debes proteger a tu viejo Nokia, primo hermano de un walky tolkie (aún no tienes tiempo de soñar con sistema android, pantalla táctil, correo Nauta. Bien por los que sí).
Un niño es, además, un detector de botones. Si hay algo delicioso para ellos, atractivo, irresistible es el control remoto. Quien tiene un niño tiene un 99 % de probabilidades de tener en casa un televisor desprogramado en cualquier momento. Pero tú lo asumes así, natural, porque cuando ríen compensan cualquier travesura.
Volviendo al tema, nacen hoy literalmente despiertos. Nada de 15 días para abrir los ojos ni dos meses para la primera y esperada sonrisa social. Vienen ávidos, abiertos al mundo, repartiendo dicha y amor.
Con amor, repleta hasta el tope de esperanza, entras a cualquier juguetería de esta Habana, y sales cargando la misma dosis de desconsuelo, y probablemente las manos vacías. Ya sé, me dirán que un juguete —no importa cuán didáctico, sofisticado, chulo, lindo, parecido a aquel soñado en tu infancia, ideal para aprender jugando, irresistiblemente deseoso de regalárselo a tu pequeño— no es un artículo de primera necesidad. Odias en ese momento hasta los reyes magos, pero claro, soñar para algunos no es algo de primera necesidad.
Elemental, básico, imprescindible es la leche, el pan, la proteína de vacaciones (así se les llama a las que se consumen esporádicamente). Pero te empecinas, quieres regalarle y regalarte la alegría de un juguete nuevo, grande, de verdad, con manual de instrucciones según la edad para tu pequeño. Recuerdas que tu salario, si bien te hace reír, no es apto para juegos ni juguetes.
Te consuelas con el dicho de la abuela, “se entretienen con cualquier cosa”. Corres a darle pan (puedes hallar en un pan cualquier cosa) y entonces te pide, ¡mamá compota! Estamos en el final del mes. Y justo ahí comienza otro dilema.

Anuncios

5 comments

  1. Muy bueno tu punto de vista, me identifico mucho con tu perspectiva de esta toda nuestra realidad. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s