Lactancia materna: amor entre tres

Por Lisandra Fariñas Acosta
Publicado en Cubacontemporánea

Nadie dijo que sería fácil traer un hijo a este mundo. Nadie argumentó que amamantarlo –darle vida a ese instinto de pegarse a tu pecho, aferrándose a ti con todas sus menudas fuerzas– no dolería, aunque quizás olvidaron decirte que es un dolor que toda madre agradece.

Nadie dijo tampoco que ese acto cuyo único nombre puede ser amor, sería exclusivo de la madre y el niño. Porque si bien es cierto que el vínculo entre ambos se estrecha mediante esta práctica, llevarla adelante adecuadamente exige el apoyo de la pareja.

lactancia

Contrario a lo que los cánones machistas han establecido y sedimentado en siglos de historia, la lactancia materna no es únicamente responsabilidad de las mujeres.

Entre el 1 y el 7 de agosto cada año la Organización Mundial de la Salud (OMS) convoca a celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, con el propósito de estimular el interés entre los jóvenes de ambos sexos, para percibir la importancia de esta práctica en la sociedad contemporánea.

Considerada como la primera vacuna que recibe el recién nacido, la OMS y la Unicef recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de vida y luego mantenerla hasta los dos años o más, asociada a una alimentación complementaria, segura y apropiada. Son intervenciones esenciales para mejorar la supervivencia infantil y pueden salvar alrededor del 20% de los niños y niñas menores de cinco años. Asimismo, plantean que la misma debe iniciarse en la primera hora de haber dado a luz.

Se ha demostrado que protege a los niños y las niñas de infecciones y alergias, brinda una fuente ideal de nutrientes y resulta económica y segura en los primeros años de vida. También favorece el desarrollo intelectual, emocional y motor.

Esta práctica se asocia además con una disminución de la pérdida de sangre posparto y de osteoporosis, con menor riesgo de cáncer de mama, de ovario y de endometrio. También contribuye a aumentar los intervalos entre nacimientos, lo que reduce los riesgos de embarazos frecuentes.

Roles, función, razones. Género y lactancia materna

Pese a los probados beneficios que tiene la lactancia materna, muchas madres renuncian a ella demasiado pronto, y a menudo sienten presión para cambiar a fórmulas para recién nacidos que pueden contribuir a un crecimiento entrecortado y una desnutrición por micronutrientes, además de no ser seguras si el agua potable es difícil de conseguir.

No pocas veces se cuestiona la función “nutridora” de la mujer, cuyo rol alimenticio ha sido visto históricamente como milagroso, y ha sido asumido como fase natural de su también “papel” reproductivo.

En el propósito de tratar de entender cómo se construye la cultura materna, que en pleno siglo XXI sigue produciendo lecturas sesgadas desde la perspectiva del género, resulta más que útil el estudio Discurso médico, cultura de la maternidad y lactancia, de los investigadores Reina Fleitas, Niuva Ávila, Laritza Solares y Raynier Hernández, publicado en la compilación Género Salud y Sexualidad del año 2013 por el Centro de Estudios Demográficos.

“En el discurso médico cubano se ha producido una evolución sobre el tema desde una posición patriarcal, racista y tirana sobre la lactancia y maternidad a una donde la visión biomédica-científica prevalece pero se vuelve más humana, aun cuando no siempre se coloca desde la perspectiva de la mujer como sujeto subordinado”, plantean desde un inicio los autores, para quienes una de las problemáticas esenciales en este campo es que “la visión sobre la lactancia actual está aún centrada más en el niño”.

“No siempre se valora el peso que tiene la situación de las mujeres en su desarrollo; así como sus efectos sociales reales para ambos. Se requiere enfatizar más en la maternidad y lactancia voluntaria, en los varios sentidos que ella implica: elección libre, responsable y con educación. Pero para lograrlo es necesario investigar el peso que tienen las determinantes culturales en su abandono”.

Los investigadores dejan claro cómo, afortunadamente, el siglo XX abrió las puertas a la evolución de un proceso de legislación con fines de protección a la maternidad, que pudo haber generado un entorno propicio para el desarrollo de la lactancia materna, contrario a épocas anteriores en que la mujer trabajadora cubana no contaba con una protección legal que la eximiera de la realización de actividades laborales, y eso ni siquiera se contaba en el discurso médico y político para comprender cómo la falta de tiempo y la fatiga por exceso de trabajo podían ser motivos de abandono del amamantamiento.

“Un giro radical en la cultura de la maternidad, influenciado por el avance progresivo de las relaciones de género, y en particular en la situación social, económica y política de la mujer, así como por las reformas de salud que mejoraron sustancialmente la atención a la salud materno-infantil que introdujo nuevos conceptos sobre la lactancia materna, se constata a partir de los años 60”.

Pero, alertan los expertos, “la transición a un modelo de lactancia voluntario, responsable y libre, exige como condición una mujer con educación. Los nuevos enfoques de salud centrados en la prevención y en la educación como su vía idónea, requieren de un sexo femenino con capacidad para asimilar comprender y saber elegir sin interferencias moralistas-represivas. El proceso de elección se produce en las diferentes circunstancias económico-familiares que viven las mujeres; el conocimiento sobre las ventajas del amamantamiento les permite tomar decisiones personales que se evalúan en ese marco. Aunque la escolaridad no es suficiente para una cultura de la lactancia, opera como una condición de partida”.

Precisamente, las transformaciones en el ámbito educativo se encuentran entre los cambios de mayor impacto en la vida de la mujer cubana de los últimos 50 años, lo que sin duda ha contribuido a rediseñar una cultura de la maternidad.

Sostiene la investigación citada que en el año 2009, por ejemplo, las mujeres entre 25 y 59 años con más de una década de instrucción representaban el 65% de la población femenina de esas edades; mientras que las de 15 a 24 años eran el 79,7%”.

Es válido destacar el Programa Materno-Infantil, de alcance nacional, que desde hace décadas se implementa en el país, y el cual constituye una fortaleza en casi todos los aspectos que intervienen en la salud de la mujer y el niño. Basta decir que el pasado año Cuba alcanzó el índice de mortalidad materna más baja de su historia: 4,2 por cada mil nacidos vivos, mientras que la tasa de mortalidad materna por causas directas del embarazo, parto y puerperio en el año 2013 fue de 21,4 por cada 100 mil nacidos vivos, de acuerdo con estadísticas oficiales del Ministerio de Salud Pública.

Por otra parte, destaca el estudio, en la construcción de una nueva cultura de la maternidad en Cuba intervienen acciones esenciales como la aprobación de la ley del aborto, que protege a la mujer en su libre decisión de tener un hijo, sin interferencia de ninguna figura política, religiosa, familiar o médica. Asimismo, el acceso a métodos anticonceptivos variados y a precios accesibles.

Las reformas llevadas a cabo no solo desde el ámbito de la salud y educativo, sino en la esfera laboral (igual empleo/igual salario), son también los factores que, a juicio de los investigadores, han contribuido a derribar la visión sexista del trabajo, y en este punto juega un papel decisivo la legislación sobre la maternidad de la madre trabajadora, que permite incluso que sea el padre quien se acoja a las prestaciones de la licencia de maternidad.

Para los especialistas, “la nueva política de desarrollo humano del país concretada en diferentes áreas propició un proceso de empoderamiento general de las cubanas que se mueve no sin contradicciones”.

Sin embargo, advierten que “la mejoría en la cantidad y calidad de la participación pública de la mujer no se ha producido a costa de cambios radicales en los roles de género en la familia, donde aún impera una división sexista del trabajo, lo cual provoca una sobrecarga de roles a las mujeres; cuyos efectos se hacen notar en su salud, pesan en los conflictos de pareja y familiares, así como en sus estrategias de fecundidad”.

Con índices de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo desde hace más de 30 años, Cuba muestra una tasa global de fecundidad de 1,69 hijos por mujer; por debajo incluso del 1,8 que se calcula para los países considerados de alto desarrollo humano.

“Realidades todas que hay que tener muy en cuenta cuando se valoran las estadísticas del comportamiento sobre el abandono de la lactancia materna natural”, subraya el texto Discurso médico, cultura de la maternidad y lactancia mencionado anteriormente.

Para los autores, es en este contexto más humano pero aún desigual, donde el discurso médico cubano, influenciado por una nueva estrategia mundial para la alimentación del lactante, ha propiciado el desarrollo de un enfoque sobre la lactancia que retoma el valor nutricional de la leche materna natural frente a la artificial.

Un ejemplo claro de ello es que el país pueda contar en la actualidad, por ejemplo, con seis bancos de leche humana y una clínica de la lactancia materna que tiene como objetivo proteger, promover y apoyar esta práctica recolectando y distribuyendo la leche humana con calidad certificada, lo cual contribuye a la disminución de la mortalidad materna, infantil y neonatal.

Es importante mencionar que una intención visible de la incorporación del enfoque de género a esta temática es la articulación del Programa Nacional de Lactancia con otros como el de Paternidad y Maternidad responsable, el cual persigue alcanzar un incremento de la participación de los hombres en el proceso del embarazo, el parto y la lactancia materna y un desarrollo de la cultura de la salud en la mujer mediante acciones educativas.

De acuerdo con la investigación, hechos como este se han derivado del debate nacional que en diferentes medios se ha generado sobre la necesidad de producir cambios en los roles de género de la familia cubana actual.

Lo cierto es que aún resta mucho por lograr en cuanto a enfoque de género en nuestra sociedad, y las políticas de salud no escapan a esta realidad. En este sentido, propiciar información sobre la lactancia a las mujeres con el fin de elevar su cultura sobre esta práctica, al tiempo que se valore la influencia de los factores culturales en los problemas que aún se presentan en la lactancia materna, son premisas esenciales.

De ahí la alerta del estudio realizado por los citados expertos: “No se conoce si factores como la pobreza femenina que tanta precariedad genera en la vida cotidiana doméstica, la sobrecarga de roles para las mujeres, la falta de apoyo de la familia y de los padres del bebé durante el proceso de amamantamiento, podrían estar incidiendo en el abandono de la lactancia”.

De cara a las estadísticas

Si bien en Cuba se han publicado varias encuestas por conglomerados de indicadores múltiples que responden a esos limitados enfoques, ya que ofrecen datos sobre el comportamiento de esta práctica, no explican las determinantes sociales que desencadenan el abandono de la lactancia materna precozmente.

La última encuesta publicada en 2012 refiere que un 48,6% de los niños cubanos cuyas madres fueron entrevistadas en 2010 recibieron lactancia materna exclusiva durante seis meses. La región oriental fue la que arrojó el valor más elevado con un 58,7% de cobertura y las provincias centrales reflejaron el más bajo con un 29,6%. Fue más alto el valor en las zonas urbanas, resultado opuesto a los datos que declara el informe sobre el Estado Mundial de la Infancia de 2012, dedicado a los niños y niñas en un mundo urbano.

De acuerdo con el estudio de los investigadores Reina Fleitas, Niuva Ávila, Laritza Solares y Raynier Hernández, la encuesta también refleja una paradoja que podría tener una explicación desde el género, pues las madres con mayor nivel escolar brindan mayor cobertura de lactancia materna exclusiva que las de niveles educacionales inferiores: 45,1% frente a 59%. Esta diferencia se acrecienta con los meses de lactancia: los niños que continúan recibiendo leche materna de madres con nivel de secundaria representan el 42,8% mientras que los de madres de nivel superior solo son el 19,1%.

De modo que, según los expertos, este instrumento sí introduce la medición del comportamiento diferencial de la lactancia entre niños según sexo. “En el caso de Cuba se afirma que en la práctica del amamantamiento no parece haber algún sexismo que desfavorezca a las niñas, como en otras latitudes sí sucede. La encuesta arrojó que la duración de la lactancia exclusiva para las niñas alcanza un promedio de 2.5 meses y la de los varones de 2.4”.

Cultura de la lactancia y un estudio de casos

Discurso médico, cultura de la maternidad y lactancia asumió el reto de adentrarse en un estudio de casos, con la aspiración de indagar en la relación entre la lactancia y los estudios de género. Así, los investigadores aplicaron una encuesta a un grupo de 70 madres en dos municipios de La Habana que en el año 2011 tenían las tasas de natalidad más elevadas: Cotorro y Arroyo Naranjo.

El 86% de las madres encuestadas se hallaba entre los 20 y 34 años, mientras que el promedio del grupo estudiado fue de 26 años. Más del 50% pertenece a grupos ocupacionales que son dependientes económicamente de otros. La mayoría eran trabajadoras no remuneradas del hogar, y un 49% tenía vínculo laboral fundamentalmente con los servicios. Todas presentaban una formación entre secundaria y nivel superior.

La investigación en estos municipios reflejó que el 63% de las madres tuvieron niños que no planificaron. Un 76% de ellas no usaba anticoncepción antes de concebir al bebé, lo cual no se corresponde con los datos que se ofrecen a nivel nacional de su alto uso, ni con la cobertura de amplio acceso que por largo tiempo ha caracterizado al país.

Sobre la cultura de la lactancia materna, un 93% afirma que recibieron información sobre esta práctica y el 90% refirió que la obtuvo del médico de la familia.

Resulta particularmente importante señalar que “si bien la mayoría de las madres aseguraron haber recibido información sobre todas las cuestiones importantes como el momento del inicio de la lactancia, duración de la lactancia exclusiva hasta los seis meses, técnicas sobre amamantamiento, implicaciones para la salud del bebé y de la madre y sobre los alimentos que ella debe comer durante el proceso, los valores más altos están en las implicaciones para la salud del lactante y la lactancia exclusiva, lo que corrobora la centralidad del discurso en el bebé”, declara la investigación. Como promedio, la lactancia exclusiva en estos territorios fue de 5 meses.

De acuerdo con los resultados de este estudio de casos, los niños resultaron ligeramente más beneficiados que las niñas, igual en el indicador de hasta los seis meses. Un 26% de las madres opinó que los niños son más fuertes, succionan más y son más glotones, pero consideran, como el resto, que en la lactancia no debe haber diferencias porque son personas que necesitan ese alimento.

“El 42,5% dice que abandonó la lactancia por no tener suficiente leche, el 59,3% de las que no abandonan son las mujeres que se dedican al trabajo del hogar sin remuneración, mientras las que disfrutan de su año de licencia como trabajadoras son 43,2% de todas las que abandonaron. Solo una declaró que necesitaba reincorporarse a trabajar como motivo de abandono”, refiere el estudio.

El texto plantea que “explorando la relación entre mujeres que poseen o no un vínculo con los espacios públicos (trabajadoras y estudiantes) con lactancia exclusiva hasta los seis meses, encontramos una fuerte asociación entre tener un vínculo y abandonar. Las que tienen alguna relación representan el 65% de todas las que terminan la lactancia exclusiva antes de los seis meses, mientras las que no lo tienen son el 55,2% de las que continúan hasta los seis meses”.

Otra variable que mostró una fuerte asociación con el abandono fue la edad. Las mujeres más jóvenes y adultas son las que ostentan los mayores porcentajes de abandono en relación con su grupo de edad.

Sostiene la investigación que la sobrecarga de actividades para la madre que lacta a su hijo no parece ser un problema en la mayoría de los hogares según la percepción de las mujeres, pues el 73% dice haber recibido apoyo de su pareja en diversas actividades del hogar tales como la lactancia, el cuidado del bebé, tareas domésticas, así como el 76% afirma que recibió la ayuda de sus padres y el 51,5% de otros familiares Y en ningún caso se cita este como un motivo de abandono.

Este es un tema, sin embargo, en el que debe profundizarse porque su repercusión sobre el abandono de la lactancia puede estar siendo enmascarado por la legitimación de un orden de cosas establecidas.

De igual forma, el estudio subraya que los hogares de estas mujeres siguen centrados en la labor del cuidado que realiza ellas. “La figura de la madre es la que más se reconoce por su solidaridad en todas las actividades muy por encima de la pareja. El apoyo fundamental del padre, que supera la genealogía femenina, se concreta en las tareas fuera del hogar”.

“El 50% de estas mujeres no conocía del beneficio de la ley que autoriza al hombre a acogerse a la licencia de maternidad en lugar de su mujer”. Este artículo del Decreto Ley 234 de la Maternidad de la Trabajadora, aprobado en 2003 sigue teniendo una baja acogida. De acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, hasta el pasado año no superaban la cifra de 125 los hombres cubanos que habían decidido disfrutar los beneficios que ofrece la ley.

“Entre el 50% de las que sí lo conocían pero no se acogieron, destacan discursos que reflejan las desigualdades de género en esos hogares: un 50% usa como argumento el rol de proveedor económico del hombre y su jefatura, mientras la otra mitad, la razón femenina del mejor cuidado al bebé”, reseña la investigación.

Para los especialistas, este resultado aparenta contrastar con la percepción acerca del significado de la maternidad y la paternidad que prevalece entre las entrevistadas, pues un 64,3% dijo que ambos eran importantes. Aunque entre ellas el valor que se asigna a uno y otra difiere. Algunos de los argumentos esbozados apuntan a que “las madres somos diferentes, más atentas y más preocupadas; los padres son un poco distraídos; el padre solo sirve para buscar lo que necesita el bebé; la madre tiene igual obligación que el padre pero es insustituible, la madre hace todo, el padre busca el dinero y la comida; la madre cuida al bebé y el padre ayuda a la mamá”.

“Todas construcciones mentales ancladas en un sexismo sobre los roles paternos que bien pudieran estar escondiendo una pobre participación del padre en las tareas del cuidado”.

La lactancia materna es precisamente uno de esos cuidados, para el cual el apoyo de compartir desvelos es vital. La leche materna, el primero de los calmantes del hijo, o como diría Gastón Bachelard en El agua y los sueños, “un recuerdo feliz, el más tranquilo y apaciguador de los recuerdos, el recuerdo de la leche nutricia, el recuerdo del regazo maternal”; puede y debe ser vivido por tres.

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