Cuba envejece: ¿éxito o problema? (II)

Por Lisandra Fariñas y Lauren Céspedes (Publicado originalmente en Granma)

¿Cómo articular el proceso de desarrollo del país con el elevado índice de envejecimiento poblacional que caracteriza el escenario demográfico cubano? La disyuntiva es clara: ¿éxito o problema?
Para la investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (Cedem), Grisell Rodríguez, Cuba debe atender esta dinámica demográfica desde la gestión y planificación de programas de desarrollo económico y social que consideren las características de este grupo poblacional.

“Hay que darse cuenta que serán menos los trabajadores, que se necesitarán más servicios geriátricos que pediátricos y que es vital buscar fórmulas para aprovechar a esa población ya en edad avanzada, pero que todavía es útil. Sobran los ejemplos de personas entre 60 y 75 años que todavía están vinculadas laboralmente y aportando mucho. No se pue­de concebir a este grupo etario como carente, porque no lo es; no es solo una población que necesita atención”, dijo a Granma la experta.

¿Qué debemos hacer? La premisa —de acuerdo con varios expertos— se sustenta en que el desarrollo tiene que estar no solo en función de satisfacer las necesidades de la población; sino en función de los cambios demográficos, si se quiere aprender a vivir en armonía con los ancianos.

MÁS DE UN DESAFÍO
El envejecimiento poblacional es un fenómeno característico de países con alto nivel de desarrollo económico y social. Por tanto es un desafío en estos dos órdenes y el último de ellos constituye un reto en particular dentro del ámbito edu­ca­cional, en cuanto a la responsabilidad de la educación en la re­­lación entre generaciones, y la convivencia familiar.

Así explicó el profesor Antonio Aja Díaz, director del Cedem, para quien en el plano económico están muchos de los obstáculos a sortear, partiendo de que aumentan los grupos de edades en 60 años y más, disminuyen los segmentos poblacionales más jóvenes y por tanto hay afectación sustantiva a las fuerzas de trabajo y a la capacidad productiva.

“En una estructura económica de un país como Cuba, tener una población cada vez más envejecida significa más necesidades en el orden asistencial, de servicios de salud, de calidad y confort de vida. Pero también mayor consumo, y aumento en la demanda de transporte; y la necesidad de eliminar barreras arquitectónicas, por ejemplo. De ahí que el envejecimiento en este aspecto será un fenómeno más o menos problemático”.

El entrevistado mencionó un tema esencial como el de los cuidados, donde llamó la atención sobre el papel que deben desempeñar las nuevas formas de gestión económica y figuras del trabajo por cuenta propia, además de las instituciones estatales. En este sentido, hoy el país tiene aprobada la actividad de cuidador de enfermos, personas con discapacidad y ancianos, que además se encuentra dentro del régimen simplicado de tributación, con una cuota mensual consolidada de 20 pesos*.

No es difícil imaginar lo que supone para la economía cubana, y la familiar, escenarios como los actuales y los que se avecinan. “Hoy un cubano trabaja como promedio para el sustento de cuatro o cinco personas; y se estima que estas cifras se dupliquen. Debemos habituarnos a que funcionaremos, incluso en el ámbito laboral, con una población de 60 años y más en su mayoría. La jubilación se corrió a los 65 años en los hombres y 60 en las mujeres; pero ello no es lo mismo para un obrero de la construcción o de la agricultura, que para un profesional que trabaje hasta avanzada edad.  Se deben estudiar las particularidades de cada caso y, sobre todo, crear condiciones de vida y de trabajo favorables para la permanencia o reincorporación de quienes lo deseen”.

En el desarrollo de políticas públicas articuladas está, según el profesor Aja, el camino para enfrentar este fenómeno. Al respecto co­mentó lo acertado de aprobar por el Con­se­jo de Ministros un conjunto de medidas para atender la dinámica demográfica, encaminadas a estimular la fecundidad, responder a las necesidades de la población de la tercera edad, así como promover el empleo mayoritario y eficiente de las personas aptas para el trabajo; lo cual está en sintonía además con los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Otro de los retos recae en el sistema de salud y asistencia social, recargados ante el envejecimiento, que no puede ser visto solo desde lo asistencial, como una enfermedad. “Por muchos años pusimos el énfasis en las especialidades de atención a los jóvenes y a los niños; y ahora tenemos que trasladar el énfasis hacia el adulto mayor”, dijo el entrevistado.

No obstante, puntualizó que no puede descuidarse en términos de promoción, prevención y educación en salud a los jóvenes. “Es esa juventud la que atenderá a los viejos de mañana, y si crece con enfermedades, malos hábitos de alimentación, alcoholismo, tabaquismo y poca práctica de ejercicios; pues ese es el envejecimiento que tendremos”.

SIEMPRE ÚTILES
¿Cuánto pudieran — y pueden— aportar los adultos mayores? Para el investigador del Ce­dem, José Luis Martín Romero, si bien la población laboral cubana está en pleno proceso de envejecimiento; y la edad promedio del trabajador está sobre los 40 años, no puede ser solo entendido como un proceso negativo. “A esa edad, generalmente, hay una consolidación del conocimiento, las experiencias, se trabaja con mayor calificación y competencias”.

Sin embargo, el especialista mencionó co­mo uno de los mayores desafíos que tiene el país, el de crear y recuperar condiciones adecuadas de trabajo para que la generación de adultos mayores —todavía útil— se incorpore a la vida laboral desempeñando antiguos oficios, hoy desaparecidos.

“Tenemos la fuerza de trabajo más calificada de América La­tina, pero aún debemos ganar en cultura del trabajo. De­be­mos ver el envejecimiento de la fuerza de trabajo en relación con el movimiento de la sociedad y la economía, y partir de la premisa de que es necesario y prudente aprovechar esa fuerza”, refirió.

CUIDADOS Y FEMINIZACIÓN DE LA VEJEZ
Sobre el tema de la mujer Grisell Rodríguez apunta que al mismo se le ha dado prioridad, pero “aún de puertas hacia fuera”.

“Las posibilidades de incorporación social de la mujer han sido amplísimas, nuestra ley de maternidad es de las más progresistas del mun­do y la mujer cubana gana lo mismo que un hombre en la misma plaza de trabajo, por ejemplo”.

Pero, para la investigadora, el problema está “de la puerta del hogar, los centros de trabajo y las escuelas hacia adentro, donde se han mantenido y se siguen reproduciendo un grupo de patrones de comportamiento de una sociedad machista, donde aún prevalece la so­brecarga de roles a la mujer”.

Y es justamente en este escenario donde las féminas —“cuidadoras por excelencia”, como los propios estereotipos sociales las han acuñado— experimentan exceso de tareas, lo cual se agudiza en el caso de las propias adultas mayores cuidando a otros adultos mayores.

Al rol de ama de casa, madre-cuidadora de los hijos y esposa, se le añade entonces el de cuidadora de los mayores del hogar, lo cual “es un elemento que los estudios han apuntado incide contra la decisión de una pareja de tener hijos”.

La especialista siginificó la necesidad de crear más estructuras de apoyo para que la mu­jer y, en general la familia, tengan mayores facilidades que le permitan aportar a la sociedad mediante su trabajo y al mismo tiempo no desa­tender el cuidado al adulto mayor y a los menores. Sobre este aspecto en particular mencionó ejemplos como la adquisición de comida elaborada o semihecha, servicios de cuidado más allá de los horarios tradicionales, entre otros.

La sociedad necesita que esa mujer, la cual forma parte de la población joven en edad la­boral y con mucho que aportar, pueda mantenerse económicamente activa.

UNA SOCIEDAD SIN “GERONTOFOBIA”
La sociedad cubana debe plantearse urgentemente cambiar la relación que existe entre sus generaciones y fomentar un mayor respeto de los unos a los otros. “Menos agresión verbal y ruido, mayor respeto a la individualidad, y a los ancianos y a la mujer. Mayor entendimiento entre los jóvenes, porque van a ser los ancianos del futuro; y para eso no hay que esperar desa­rrollo económico”, sostiene el profesor Aja.

“Muchas de esas normas de convivencia se han perdido en los últimos 30 años y eso hay que rescatarlo, porque una sociedad envejecida y además con disfunciones sociales como estas, puede convertirse en una sociedad caótica. No hay que esperar para que en los ómnibus de este país, los más jóvenes les den los asientos a los mayores, sea hombre, mujer o niño. No hay que aguardar por ningún otro recurso para que a través de la familia, los medios, las instituciones educativas, se llame al orden en ese sentido, porque es lo que transmitiremos de generación en generación”, subrayó.

El mayor recurso de los países es su pueblo. Construir una so­ciedad amigable con los adultos mayores es entonces la me­jor manera de cuidar nuestra gente.

El 19 % de la población cubana tiene 60 años y más y para el 2030 se estima que ascenderá a un 30, 3 %. De acuerdo con estadísticas oficiales la esperanza de vida al nacer es de 78, 5 años: 80, 45 para mujeres y 76, 5 para hombres Foto: ONEI, Censo de Población del 2012

* El régimen simplificado de tributación es aquel que se establece para aquellos trabajadores por cuenta propia que desarrollan las actividades de me­nor complejidad, que a estos efectos disponga el Mi­nistro de Finanzas y Precios. Este régimen consiste en el pago unificado de los impuestos sobre las Ventas o sobre los Servicios y sobre los Ingresos Per­sonales, a los que están obligados estos trabajadores, a través del aporte mensual de cuotas consolidadas. No es de aplicación el Régimen simplificado de Tri­butación cuando el trabajador por cuenta propia contrate más de una persona para el ejercicio de la actividad o desarrolle más de una de las actividades autorizadas.

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