amor

Desamparo

Ciertamente no creí en la muerte hasta que te me fuiste. Y sí, la tierra se abrió debajo de mis pies. Y sigue dolorosamente abierta. Y es el segundo de los segundos domingos de mayo que no estarás. Y la fecha viene ahora a hincar sobre la herida.
Y todavía no sé si un día pueda despertar y no sentirme incompleta.

Anuncios

Mamá y maestra

Parecía rudeza. Y no tuvo que pasar mucho tiempo para saber que era tu modo la mejor manera no solo de amarme, sino de criar y educar a la niña impulsiva y rebelde que tenías como hija. La primera vez que llegué de la escuela y solté la mochila con los libros, para ir libreta en mano a pedirte me ayudaras con la tarea, escuché la respuesta que mil veces escucharía. Y agradecí para siempre: “Busca en el diccionario, ve a la biblioteca. Existen para algo, úsalos”.
Y así fuiste haciendo más difícil, quizá, cada empresa. Así fuiste forjándome en que me abriera el camino con esfuerzo. Porque aprender y aprehender necesita de ponernos también, nosotros mismos, al límite.
Y fuiste entonces mi mejor maestra. La vocación te venía desde antes, desde que con 15 años escogiste el camino del magisterio, ese que no abandonaste nunca, aún cuando al cumplir con otras responsabilidades no estuvieses frente al aula.
Y cuando la gente del pueblo, cuando los que te conocieron, te mencionaban, hablaban de tu carácter fuerte, pero también, con cariño, de la maestra. Y yo no sé si te dije alguna vez, pero me sentía orgullosa.
Ahora tengo un miedo terrible, uno que he tenido que sumarle a la orfandad de ti. Un miedo que es mío y no. Porque tengo pavor que mi niño desde sus tres años olvide tus lecciones. Porque tengo miedo olvidarlas yo. Porque me asusta mucho, madre, no ser para él la maestra abnegada que fuiste para mi tú.
Dirías, lo sé, que el ejemplo tiene mucho más fuerza que las reglas. Me mandarías a no ceder, a empeñarme. Y yo lo haría…
Pero hoy, te extraño.

¿Vivo en una ciudad “amigable”?

Lisandra Fariñas Acosta
Publicado en Granma

Mi viejo acaba de cumplir los 67 años aunque no los aparenta. No está maltratado como se dice popularmente; pero ya cruzó la curva de la llamada tercera edad y a cada rato me sorprende con una inquietud.

¿Estamos viviendo en una sociedad preparada para lidiar con el envejecimiento? (más…)

La lluvia

La Habana cuando llueve se detiene. Al menos a mí esos días me devuelven una ciudad triste en cada charco. Pero una tristeza melancólica, como si en cada gota de agua hubiera una historia minuciosa.

“La lluvia es una cosa que sin dudas sucede en el pasado”.

Recuerdo a Borges desde una parada de ómnibus mientras veo arreciar el aguacero a chaparrón. Y ante la sinfonía del agua rompiéndose en la calle, tienes apenas tiempo para percatarte de la gente. (más…)

Lactancia materna: amor entre tres

Por Lisandra Fariñas Acosta
Publicado en Cubacontemporánea

Nadie dijo que sería fácil traer un hijo a este mundo. Nadie argumentó que amamantarlo –darle vida a ese instinto de pegarse a tu pecho, aferrándose a ti con todas sus menudas fuerzas– no dolería, aunque quizás olvidaron decirte que es un dolor que toda madre agradece.

Nadie dijo tampoco que ese acto cuyo único nombre puede ser amor, sería exclusivo de la madre y el niño. Porque si bien es cierto que el vínculo entre ambos se estrecha mediante esta práctica, llevarla adelante adecuadamente exige el apoyo de la pareja. (más…)

Y los otros?

No hace otra cosa que cuidar, pero a otros, siempre a otros. Tiene las manos callosas de tanto esfuerzo, y una sombra blanquecina en los cabellos. Es el signo del cansancio, la marca de tanto día regalado. Llora de impotencia. Más de una vez la he visto. Quiere hacer más, siente que se le exige más. Que la señalarán con el dedo para decirle ¿qué haces que no vas? Anda! te esperan. Debes cuidar.
Siente la carga que no ve como carga. El peso que no pesa. Porque camina, corre a cuidar a otros, siempre a otros; con amor, con deber, con ganas, con resignación.
Se olvida de sí misma. Presta a acudir, no escucha las señales. Los otros tampoco escuchan, no dan respiro. Porque va dispuesta a cuidar a todos, pero a ella ¿quién?

EL PUEBLO DEL FUE

De pinareña pasé a artemiseña. Así, casi sin previo aviso. Hace años vivo en La Habana, lo que ha acentuado mi conflicto de “identidad”.
Pero me sigo sintiendo pinareña. Y sobre todo sancristobalense.
Hoy espero a que el experimento de las nuevas provincias funcione, para que así, mi pueblo SEA nuevamente

Lisandra Fariñas Acosta

DSC09135
Buscando el occidente, encontrarás un pueblo que huele, a veces, a tierra seca, a humedad, a campo en la mañana, a noche, a río. Podría llegar a cautivarte si lo conoces bien, si lo vives, si te lo cuenta alguien una vez. (más…)

El alma en una canción: Compay Tercero

Esta entrevista la guardo con mucho cariño. Fue en mi época de estudiante cuando conocí a Compay Tercero, no he sabido más de él. Pero seguramente, donde quiera que se encuentre, la música sigue siendo su mejor motivo.

Lisandra Fariñas Acosta

Apenas podría notarse su presencia si dependiera de la estatura. Es pequeño y menudo. Sin embargo, cada mañana se advierte su llegada. Y es que ese andar presuroso viene acompañado por la fuerza de su voz. Los ojos negros, expresivos, se descubren entre las arrugas del rostro y los labios dibujan una sonrisa sincera. La simpatía y la sencillez son cualidades inherentes a este hombre en el que la juventud se detuvo, a pesar de que sus manos reflejan el maltrato del tiempo. (más…)

Enriquecerse

Lisandra Fariñas Acosta

“ (…) Tengo fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en ti” José Martí

Andan disfrazados de experiencia; disfrazados porque para estar vestidos con auténtica sabiduría tienen que aprender la principal virtud de los años. Andan distraídos, olvidando el ayer. No miran atrás, caminan sumergidos en la frivolidad de quien se siente superior, por encima de cualquier hombro hermano. No tienen amigos, no saben serlo.

Andan así los tacaños de espíritu por este mundo nuestro, sin haber aprendido la lección de humildad que impone la vida. (más…)

La virtud de haber vivido

índice2

Lisandra Fariñas Acosta

— ¿En qué piensa usted mi viejo?

— ¡Ay joven! En ese extraño  modo que tienen de ignorar que existo.

— ¿Qué dice usted? Aférrese a la vida, ella nunca da la espalda. No olvide que mientras se vive se sigue siendo útil.

— Trato de comprender. Pero, ¿y ellos? Pasan siempre de largo, sin siquiera profesar un gesto, una sonrisa de amabilidad. Ante sus ojos no soy más que basura, material inservible que ha caducado con los años.

(más…)