tiempo

Lista

Odia los días que no son ni invierno ni verano. Le hacen estornudar, disparan en cada una de sus células la alergia, a quizás, las medias aguas. Las cosas son o no son, repitió siempre su mamá, todavía su rostro lo grita, aunque las palabras se le hayan ido.

Odia los días como este, porque le recuerdan que hace demasiado tiempo que está en su lista de promesas a olvidar. El desconcierto, cuando piensa que ha pasado vuelve otra vez, con esa letanía de te falta compromiso. ¿Qué rayos sabe el desconcierto? Cree saber, pero no ve más allá de su egoísta modo de ver el mundo, y en días como este le dispara la rabia de quién ha dado mucho, mucho, mucho, para al final ser solo esa parte de la lista.

Mira en días como este el mar, come sus aguas a preguntas, porque al mar no puede mentírsele. Le enumera razones, mientras pasa revista a las imágenes de una ciudad vista desde arriba, mientras atrapa otra vez el desconcierto de estar, después de tanto tiempo, en su lista de incertidumbres, y lejos, lejos de ser certeza.

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La lluvia

La Habana cuando llueve se detiene. Al menos a mí esos días me devuelven una ciudad triste en cada charco. Pero una tristeza melancólica, como si en cada gota de agua hubiera una historia minuciosa.

“La lluvia es una cosa que sin dudas sucede en el pasado”.

Recuerdo a Borges desde una parada de ómnibus mientras veo arreciar el aguacero a chaparrón. Y ante la sinfonía del agua rompiéndose en la calle, tienes apenas tiempo para percatarte de la gente. (más…)